“¿De que lado estás?”: La Guerra Civil de Marvel Cómics

Por: The Beam
Han pasado casi seis años desde el 11 de septiembre de 2001 y las consecuencias de este acontecimiento han reverberado profundamente en el tejido social de los EE. UU., incluidos los cómics. “Guerra Civil”, de Marvel Cómics, que después de infinitos retrasos causados por la negligencia del artista Steve McNiven, acaba de concluir es una prueba fehaciente de ello. Las primeras páginas del capítulo uno de este crossover hiper comercializado nos hacen recordar que estamos en 2007 y no en 1987: el equipo de superhéroes Los Nuevos Guerreros, venido a menos y ahora en la nómina de una televisora, decide enfrentarse a un grupo de supervillanos que se encuentran residiendo de incógnito en la pequeña ciudad de Stamford, Connecticut. El espectáculo y la búsqueda de un mayor rating se impone al sentido común (un par de adversarios de estos “héroes” televisivos se encontraba totalmente fuera de su liga) y el resultado es una explosión que destruye por completo una escuela primaria y termina por convertirse en una verdadera masacre con cientos de víctimas. El 9/11 de Marvel Cómics había llegado.
Las cosas comienzan a deteriorarse rápidamente para los superhéroes enmascarados del universo Marvel. La opinión pública se vuelve rápidamente en su contra. Los superhéroes ya no son vistos como los campeones de los oprimidos, si no como verdaderos Individuos de Destrucción Masiva, concepto que el escritor de Guerra Civil, Mark Millar había dejado entrever en su historia alterna del Universo Marvel plagada de referencias a la cultura-pop, The Ultimates. El odio que las personas comunes y corrientes sienten contra los superhéroes estalla cuando la madre de una de las víctimas del fiasco en Stamford escupe en la cara de Tony Stark, el Hombre de Hierro, y cuando La Antorcha Humana es atacado en la entrada de una discoteca en donde tuvo a bien comportarse como un rockstar prepotente.
El comentario político no tan velado continúa cuando se presenta ante el congreso de los EE. UU. La llamada Ley de Registro de Superhéroes, que tiene ecos de la “Ley Patriota” impulsada por la dupla Bush/Cheney y que eleva a la categoría de proscritos a todos los superhéroes que se rehúsen a revelar sus identidades secretas y a trabajar como agentes de la agencia S.H.I.E.L.D., bajo el auspicio del gobierno. Cuando el mismísimo epítome del espíritu estadounidense, el Capitán América, se rehúsa a traicionar y a capturar a sus colegas superhéroes, se definen dos bandos opuestos no por el maniqueísmo tradicional de Héroe/Villano, si no por sus mismos ideales: los que están dispuestos a sacrificar su libertad por su seguridad, liderados por el Hombre de Hierro, el Hombre Elástico, El Hombre Araña (que en un golpe publicitario y mediático se revela ante los medios como Peter Parker después de años de vivir en la semi-clandestinidad) y el Doctor Hank Pym y los que se rehúsan a responder directamente al gobierno por sus actos y por lo que consideran un trabajo cien por ciento voluntario, liderados por el Capitán América y El Halcón. De este enfrentamiento surgió el eslogan que Marvel Cómics utilizó para este evento “¿De qué lado estás?
El enfrentamiento entre ambos bandos fue brutal, metódico y sangriento. En una primera escaramuza, los héroes proscritos o Los Vengadores Secretos, como fueron bautizados por el Capitán América, tuvieron su primera baja con Goliat, un superhéroe de color y varios de sus miembros fueron encarcelados en la Prisión de la Zona Negativa, el equivalente a la base de Guantánamo. El Hombre Araña, quien permaneció leal al Hombre de Hierro en un principio, reconsideró su posición tras la muerte de Goliat –misma que fue causada por la increíble arrogancia y desapego del Hombre Elástico, quién terminó convertido en un odiado supervillano con tintes fascistoides al final de esta historia, junto con Stark y Pym- y desertó al lado del Capitán América al igual que La Mujer Invisible y La Antorcha Humana, quienes abandonaron a los Cuatro Fantásticos para unirse a Los Vengadores Secretos en la batalla decisiva contra el equipo de Stark, quien por su parte, intoxicado de poder, no tuvo el menor pudor en utilizar sicópatas y criminales como Veneno o Taskmaster y una multitud de agentes de S.H.I.E.L.D. para lograr sus fines “pacificadores”.
La pelea final entre el Capitán América y el Hombre de Hierro se convierte entonces, en algo personal, una verdadera sinfonía de violencia que comienza en la prisión de la Zona Negativa y que termina en las calles de Nueva Cork y en donde los Vengadores Secretos terminan arrancando la derrota de las fauces de la victoria. Cuando el Capitán está a punto de dar el golpe final a un Tony Stark humillado y derrotado, una multitud de policías, rescatistas y bomberos de la ciudad se abalanzan sobre él. Es obvio que el pueblo norteamericano había decidido en contra de su libertad y al darse cuenta de ello, Steve Rogers, el hombre debajo del traje del Capitán América, tira su escudo, ordena a sus tropas rendirse y se entrega para ser sometido a juicio.
Esto fue el fin de esta historia pero sólo el inicio de la polémica entre los lectores. ¿Por qué se rindió Steve Rogers? ¿Por qué supuestos héroes como El Hombre de Hierro y El Hombre Elástico mostraron tan pocos escrúpulos? Todas estas son respuestas que Marvel seguramente ordeñará gustosamente durante los próximos años.
Han pasado casi seis años desde el 11 de septiembre de 2001 y las consecuencias de este acontecimiento han reverberado profundamente en el tejido social de los EE. UU., incluidos los cómics. “Guerra Civil”, de Marvel Cómics, que después de infinitos retrasos causados por la negligencia del artista Steve McNiven, acaba de concluir es una prueba fehaciente de ello. Las primeras páginas del capítulo uno de este crossover hiper comercializado nos hacen recordar que estamos en 2007 y no en 1987: el equipo de superhéroes Los Nuevos Guerreros, venido a menos y ahora en la nómina de una televisora, decide enfrentarse a un grupo de supervillanos que se encuentran residiendo de incógnito en la pequeña ciudad de Stamford, Connecticut. El espectáculo y la búsqueda de un mayor rating se impone al sentido común (un par de adversarios de estos “héroes” televisivos se encontraba totalmente fuera de su liga) y el resultado es una explosión que destruye por completo una escuela primaria y termina por convertirse en una verdadera masacre con cientos de víctimas. El 9/11 de Marvel Cómics había llegado.
Las cosas comienzan a deteriorarse rápidamente para los superhéroes enmascarados del universo Marvel. La opinión pública se vuelve rápidamente en su contra. Los superhéroes ya no son vistos como los campeones de los oprimidos, si no como verdaderos Individuos de Destrucción Masiva, concepto que el escritor de Guerra Civil, Mark Millar había dejado entrever en su historia alterna del Universo Marvel plagada de referencias a la cultura-pop, The Ultimates. El odio que las personas comunes y corrientes sienten contra los superhéroes estalla cuando la madre de una de las víctimas del fiasco en Stamford escupe en la cara de Tony Stark, el Hombre de Hierro, y cuando La Antorcha Humana es atacado en la entrada de una discoteca en donde tuvo a bien comportarse como un rockstar prepotente.
El comentario político no tan velado continúa cuando se presenta ante el congreso de los EE. UU. La llamada Ley de Registro de Superhéroes, que tiene ecos de la “Ley Patriota” impulsada por la dupla Bush/Cheney y que eleva a la categoría de proscritos a todos los superhéroes que se rehúsen a revelar sus identidades secretas y a trabajar como agentes de la agencia S.H.I.E.L.D., bajo el auspicio del gobierno. Cuando el mismísimo epítome del espíritu estadounidense, el Capitán América, se rehúsa a traicionar y a capturar a sus colegas superhéroes, se definen dos bandos opuestos no por el maniqueísmo tradicional de Héroe/Villano, si no por sus mismos ideales: los que están dispuestos a sacrificar su libertad por su seguridad, liderados por el Hombre de Hierro, el Hombre Elástico, El Hombre Araña (que en un golpe publicitario y mediático se revela ante los medios como Peter Parker después de años de vivir en la semi-clandestinidad) y el Doctor Hank Pym y los que se rehúsan a responder directamente al gobierno por sus actos y por lo que consideran un trabajo cien por ciento voluntario, liderados por el Capitán América y El Halcón. De este enfrentamiento surgió el eslogan que Marvel Cómics utilizó para este evento “¿De qué lado estás?
El enfrentamiento entre ambos bandos fue brutal, metódico y sangriento. En una primera escaramuza, los héroes proscritos o Los Vengadores Secretos, como fueron bautizados por el Capitán América, tuvieron su primera baja con Goliat, un superhéroe de color y varios de sus miembros fueron encarcelados en la Prisión de la Zona Negativa, el equivalente a la base de Guantánamo. El Hombre Araña, quien permaneció leal al Hombre de Hierro en un principio, reconsideró su posición tras la muerte de Goliat –misma que fue causada por la increíble arrogancia y desapego del Hombre Elástico, quién terminó convertido en un odiado supervillano con tintes fascistoides al final de esta historia, junto con Stark y Pym- y desertó al lado del Capitán América al igual que La Mujer Invisible y La Antorcha Humana, quienes abandonaron a los Cuatro Fantásticos para unirse a Los Vengadores Secretos en la batalla decisiva contra el equipo de Stark, quien por su parte, intoxicado de poder, no tuvo el menor pudor en utilizar sicópatas y criminales como Veneno o Taskmaster y una multitud de agentes de S.H.I.E.L.D. para lograr sus fines “pacificadores”.
La pelea final entre el Capitán América y el Hombre de Hierro se convierte entonces, en algo personal, una verdadera sinfonía de violencia que comienza en la prisión de la Zona Negativa y que termina en las calles de Nueva Cork y en donde los Vengadores Secretos terminan arrancando la derrota de las fauces de la victoria. Cuando el Capitán está a punto de dar el golpe final a un Tony Stark humillado y derrotado, una multitud de policías, rescatistas y bomberos de la ciudad se abalanzan sobre él. Es obvio que el pueblo norteamericano había decidido en contra de su libertad y al darse cuenta de ello, Steve Rogers, el hombre debajo del traje del Capitán América, tira su escudo, ordena a sus tropas rendirse y se entrega para ser sometido a juicio.
Esto fue el fin de esta historia pero sólo el inicio de la polémica entre los lectores. ¿Por qué se rindió Steve Rogers? ¿Por qué supuestos héroes como El Hombre de Hierro y El Hombre Elástico mostraron tan pocos escrúpulos? Todas estas son respuestas que Marvel seguramente ordeñará gustosamente durante los próximos años.

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