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AY LA AGONIA

 

Plastilina Mosh goes indie!

Tuesday, April 07, 2009

Ángel Sánchez Borges es el responsable de los reconocidos proyectos Antiguo Autómata Mexicano y Seekers Who Are Lovers. A la par de su trabajo como músico, ha sido periodista cultural desde hace 20 años, colaborando con textos de música para publicaciones como Milenio, Posdata, El Porvenir, Armas y Letras, y TV Nuevo León. Esta vez nos comparte su texto en respuesta a una nota publicada en El Norte acerca de Plastilina Mosh (25 mar 2009), con la crítica fuerte que lo distingue.

plastilinaY sigue creciendo la lista de grupos regiomontanos que salen en la sección Gente! de El Norte (quizás el único espacio periodístico en el que los grupos locales son tratados como algo importante), anunciando a los cuatro vientos que se convierten en bandas “independientes” , el cual es un eufemismo para decir que sus compañías de discos los han desechado para siempre.

Primero fue El Gran Silencio, luego Jumbo, luego Kinky y ahora Plastilina Mosh, quienes aparecen en la primera plana de dicha sección de espectáculos, quejándose de las trasnacionales, y planteando un discurso para nada conmovedor sobre su decisión de tomar un rumbo diferente al marcado por sus compañías de discos. El problema es que todo ello surge en un momento en que las propias bandas han perdido credibilidad como creadores y más aún, cuando ya no son referente de nada.

Demasiado tarde, porque a quien estuvo casi 15 años pegado a la chichi de una compañía de discos no se le puede creer que ahora se convierta en crítico de la misma; que sus amigos de antaño en EMI o en BMG o en Universal, los hayan sustituido “burócratas” como los llama Rosso, no significa que el espíritu de las empresas haya cambiado. Siempre fue el mismo, que no se haga el inocente Alejandro, y que no insulte a la poca o mucha inteligencia de sus públicos. Ahora le sale lo rebelde cuando mercadológicamente siempre ha estado a un grado de ser un simple RBD.

¡Estamos en el 2009, Alejandro! A casi un año que se acabe la primera década del nuevo siglo, y la tragedia de Plastilina Mosh, como de los otros, es que no han demostrado que tienen cabida bajo las nuevas reglas del juego. Esta tragedia acompaña a estas bandas desde el inicio pues en el mismo periodo de tiempo que vivieron insertos en el “mainstream” no fueron para crear otros proyectos under o no, grabar discos independientes o no bajo otros nombres, y moverse libremente por el río musical; no, prefirieron vivir de su fama escuálida, como figurines y no como héroes de acción, haciendo discos predecibles (excepto los primeros dos de El Gran Silencio, quizás lo más innovador de la generación) y alimentando la mediocridad musical nacional que se cuenta agresivamente. ¿Y se han tardado tanto en reaccionar? ¿Apenas se están dando cuenta?

Las reglas del juego de la nueva condición, para no quedarme en el plano negro del asunto, es por ejemplo el caso aprovechado desde los 90 por la gente de Nortec: buscaron la fama con el colectivo y este año estuvieron nominados a su primer Grammy. Por ahí se cuela su búsqueda de la felicidad mainstream, pero por otro lado se han dedicado todos a darle rienda suelta a sus proyectos alternos, de riesgo musical, y haciendo discos bajo otros nombres y con direcciones sonoras diferentes, produciendo a gente dentro y fuera de los márgenes, siendo representativos en la prensa internacional a la vez como empresarios de su destino que como hacedores de novedades mundiales a la mexicana.

¿A los regios les quedó grande el pastel? ¿Es ahora que se dan cuenta que pueden hacer su propia empresa? Kinky pues a eso se dedican. Más que ser una banda musical son hacedores de temas televisivos, y en su pose de fiesteros eternos, maniquíes frenéticos y putirelacionistas, pues digamos que cumplen su objetivo. Pero en el caso de los demás, se alejan de estar en el punto de referencia de un público-mercado, nicho que les marcó su pasado en las disqueras y en donde ya no son indispensables porque para eso existe Sin Bandera, Panda y Zoé.

Triste fin que se disfraza de reinicio de unas carreras que están más muertas que la de José José.

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